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Del lenguaje no verbal a la imagen de una banda

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Dedicarse a la música implica una serie de decisiones que ha de tomar conforme uno vaya involucrándose de manera cada vez más profesional. Mientras que por un lado la inspiración hace lo suyo, la creatividad se manifiesta y las nuevas composiciones fluyen; por el otro, tenemos que pensar en el nombre de la banda, qué logotipo usar, qué fotos utilizar, cómo será la portada del primer disco, etc. Algunos podrían pensar que esos detalles no son tan importantes cuando hay buena música, que lo que sea que se nos ocurra será válido porque será algo que simplemente ‘nació’, que no es importante la estética sino lo que significa para uno, etc.

Hasta cierto punto podrían tener razón, pero no completamente. Sucede que nosotros siempre comunicamos algo: los colores de nuestra ropa, la foto de perfil en nuestras redes sociales, la manera cómo nos comportamos. Incluso cuando no usamos muchos colores o usamos una foto improvisada sin ‘pensarla tanto’, decimos algo. Así como también, podemos decir algo y cambiar por completo su sentido por cómo lo decimos. En resumen, lo que comunicamos siempre estará sujeto al lenguaje verbal (nuestras canciones, estados en redes sociales, comentarios) y no verbal (estilo de fotografías, colores, diseños, logotipo, flyers). Que si optamos por preocuparnos solo por lo primero creyendo que así nuestro mensaje será más directo, se corre el riesgo de que el mensaje termine siendo deformado por esos factores de los que no tomamos control.

Ejemplo de ello lo encontraremos en todos lados: cuando pensamos que una banda tocará canciones graciosas por su nombre pintoresco, cuando creemos que tal banda es ‘pro’ por sus fotos, cuando etiquetamos el género musical de una banda por su apariencia. O un caso extremo, cuando nos olvidamos de la banda porque no recordamos cómo se llamaba.

Claro que un nombre de banda poco conveniente no es lo peor que le podría pasar a una banda, ni tampoco elegir un mal logotipos. Hay maneras de compensar ciertas falencias, es muy probable que el producto (la música) termine minimizándolas cuando tiene calidad. Pero no olvidemos que una mala primera impresión puede alejar al público sin oportunidad de que nuestra música sea escuchada. En el caso de un logotipo, de fotos mal tomadas, nunca está demás una renovación total de imagen: un nuevo diseño, una sesión de fotos con un buen fotógrafo que no solo sepa tomar desde un buen ángulo, sino que les aconsejen cómo aparecer en las fotos para que vayan acorde a la imagen que desean proyectar. Decisiones, inversión, lo sé… parece un dolor de cabeza.



Es mejor tener el control que dejarlo al azar

Muchas veces el lenguaje no verbal no hace otra cosa que ayudar a que el mensaje que queremos comunicar, se mantenga tal como lo decimos y llegue al público sin deformarse. Pero otras, podemos sacar provecho de ella ya sea para complementar, ilustrar, representar un concepto que queremos comunicar como banda; o incluso exagerando detalles para beneficio nuestro. Hoy en día la música entra por los ojos, alguna vez leí.

Y aunque quizás no tengamos un mensaje claro más allá que los que transmiten nuestras canciones, es recomendable que empecemos a preguntarnos ¿qué queremos proyectar? ¿qué mensaje queremos dar como banda? O para determinado disco sino. Es bueno tener otras referencias de bandas para luego entre integrantes conversar y ponerse de acuerdo. Pues ello ayuda a construir una identidad como banda y a diferenciarte de otras que probablemente hablan de lo mismo. No podemos negar que resulta interesante cada vez que esperamos el siguiente disco de nuestro artista favorito porque sabemos -o por lo menos, esperamos- que nos sorprenda con nuevas matices de sonido, con un nuevo concepto, con una nueva historia. Y ya vamos sospechando qué tanto influye el material visual para este fin: la portada, los colores del booklet, las fotografías, el maquillaje, el nuevo logotipo de la banda, etc.

A continuación una mención de algunos artistas más famosos que han compartido experiencias en el entorno musical, de las que resaltaría a Charles Peterson, fotógrafo a quien se le debe mucho de lo que hoy conocemos de la escena grunge en fotografías, Todd McFarlane, creador de Spawn que participó en los videoclips de Pearl Jam y Disturbed. Seth Siro Anton, cantante, bajista y autor de muchas portadas de la escena metal.

Y como ya se habrán dado cuenta, muchas bandas internacionales manejan muy a menudo este ritual de manejar un concepto para cada álbum. El arte del disco se traslada a las redes sociales, a las portadas, a los posts, a la web, Algunos lanzan mini-juegos  con la misma ‘temática’ visual. Hay todo un periodo de giras, conciertos vestidos tal como aparecen en el disco o en sus videoclips. Suena interesante, y aunque para algunos suene un tanto ‘comercial’, podría decir que hay mucho de ‘artístico’ en todo ello. Aunque claro, portadas de discos vemos, corazones no sabemos.

Es muy probable que haya motivos para entrar en debate sobre lo ‘comercial’, lo ‘artístico’, que la ‘industrial musical’, que ‘solo quiero hacer música’, que lo otro es ‘mucha pose’. Pero lo cierto es que los tiempos cambian y de seguro ya hablaremos de ello en otra ocasión.

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